Me ha dado un ataque melancólico, qué cosas.
Cuando era pequeña, pongamos, cuatro años, mi padrino (que en paz descanse) me contaba historias sobre los hombres del desierto, o el lucero que había junto a la luna, que la pretendía. O de los indios. Y cuentos de este tipo. Puede que en muchos aspectos no fuera un buen hombre, pero para mí fue maravilloso, porque siendo hija única durante un buen tiempo (cinco añetes, demasiado. Y mi hermano enseguida pasó mucho de mí) y sin poder jugar en la calle (porque es una ciudad, y tus padres trabajan, y con unos vecinos que tampoco es que jueguen mucho contigo), te da la vida. Mi padrino me hizo soñar con el espacio, con secretos misteriosos, con castillos, con toda clase de fantasías y ficciones mientras crecía y viví con ellos. Y también cuando viajaba con su grupo, una de esas asociaciones de gente mayor, e íbamos a visitar… cosas de gente mayor, y mientras él se iba a dar una vuelta conmigo y hacíamos una ruta alternativa por toda clase de lugares (algunos peligrosos) y, como no, baretos. Cuando digo que viajo desde que tengo memoria, es por eoo, porque desde que recuerdo, ha sido contínuo. Y lo de investigar qué hay al otro lado de la puerta… No lo puedo evitar.
También me cantaba y me hacía bailar. Era una persona divertida, y conocía a mucha gente que te contaba más historias.
Mi infancia no ha sido dorada, exactamente, como probablemente también le haya pasado a mucha gente porque es lo normal. Pero hay cosas que ahora mismo echo de menos, y una es esa. Recuerdo que cuando vi por primera vez un globo en una feria pensé que me gustaría montar en uno. Sigo queriendo hacerlo. Pero ahora ya no veo muchos globos, me pregunto si podré montar algún día.
Prometo que la próxima entrada será algo interesante: si no útil y productivo, al menos no será tan emo.
Todos tenemos esos recuerdos extraños que atesoramos. Resulta muy “nostalgico” encontrar algo que en nuestra niñez nos parecía maravilloso y que ahora vemos como “normal”. Esa inocencia y felicidad que teníamos en aquellos años no volvera nunca, es una lástica.
No es nostalgia tampoco, es melancolía. Es la sensación de que falta algo, y es lo que tenía cuando era peque: esperanza en que pueden pasar cosas maravillosas, fantçasicas, emocionantes y nuevas. No es nostalgia por la infancia, no es que la eche de menos. Es… que me falta algo, y me falta eso.
Melancolía, vamos.
Blegh, esa tarde rompí a llorar cuando ví la última nota. Se ve que estaba algo depre. Ahora me encuentro algo mejor ya xD. La próxima entrada será de cosas que ando leyendo, viendo, general.
Si te sirve de consuelo, esto nos pasa a todos. Cuando vemos algo que nos deprime y nos hace ver que hubo tiempos mejores, nos entran estos ataques crónicos de melancolía. A mí me pasó por enero o así una crisis aguda, vamos, cosas pasan, y al final acabas comiéndote el coco demasiado, cuando no deberías. Es poco sano hacerlo. Hay que saber reponerse, y para eso lo mejor es mirar hacia delante y decirte “puedo hacerlo”, o cosas similares. No hay que perder la autoestima, hay que valerse de ella. Si no, estamos perdidos. Ánimo, y ya sabes que si necesitas un cable en X o Y, aquí estoy yo ^^
Por cierto, te he agregado a un meme desde mi blog, para que participes en él y tal.
OH MY GOD! Otro memé… con lo mal que lo paso siempre xD.
Anímate chica, que como dicen, eso nos pasa a todos :3
PD: Me extraña que no hicieses entrada sobre esos libritos tan majos que te firmaron recientemente jijiji